Ensayo de Viktor Frankl. No eres Tú, soy Yo... ¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?... ¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?... Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes. Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida. Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas v...
¡No es cierto! Una de las frases más repetidas alrededor del mundo es: "Me da miedo hablar en público". Incluso se considera uno de los principales miedos del ser humano. Sin embargo, si analizamos fríamente esta idea, descubriremos que no es del todo cierta. En primer lugar, todo el tiempo y desde niños hablamos en público. Es algo normal y cotidiano. Público es una o mil personas. El problema real no es hablar, lo que pasa es que todo cambia cuando nos sentimos el foco de atención y el centro de las miradas. Por ejemplo, puedes estar conviviendo en una comida con varias personas, platicando con todos (hablando en público) sin gran problema, pero... cuando te piden que te pongas de pie y digas unas palabras, todo se complica. ¿Por qué? Son las mismas personas, el mismo lugar y quizá el mismo tema del que estabas hablando con ellas. Esta incomodidad, pena o miedo que sentimos cuando somos el foco de atención, no solamente se manifiesta cuando hablamos. Se transforma p...
¡Estoy en piyama! Hay una gran preocupación a nivel mundial por la creciente falta de convivencia humana, lo que representa la pérdida de la inteligencia intuitiva, la empatía, la capacidad de sentir y percibir. Es sorprendente que con la pandemia y el famoso, sin duda a veces muy conveniente, "home office" hemos perdido gran parte del contacto directo con los demás. Ahora, hasta tienes que pedir permiso para llamar por teléfono a alguien. Hay que mandar un whatsapp preguntando "¿Te puedo llamar? Muchas personas no querrán que les llames y te contestan "Mejor si puedes, mándame un correo o un whats." Esto hace que cada vez menos analicemos el tono de voz de una persona para saber su estado de ánimo, que tan segura está de lo que dice, su personalidad, etc. Increíble que en horas de trabajo, en una junta por Zoom, hay personas que no quieren prender la cámara porque "no me peiné", "estoy en piyama". Si lo pensamos fríamente, esto es una to...
Comentarios
Publicar un comentario